sábado, 25 de octubre de 2008

respuestas básicas para la extraña situación

Día 3: Alguna que otra respuesta
Esta mañana, después de dormir muy, muy mal (daba igual dónde, siempre había una raíz o una piedrecita en medio clavándose en mi cuerpo, por no hablar de la falta de almohada), me ha despertado el olor del pigfish (como me he tomado la libertad de llamar al pez con sabor a cerdo que parece ser el único alimento aquí), que el siempre atento Alexander había cocinado para mi. No obstante, eso ha despertado mis instintos y me ha hecho preguntarme si esto no sería como en los cuentos (después de todo parezco estar en uno) y si Alexander y Robert no estarían cebándome para luego comerme cuando les diera el hambre. Siguiendo uno de mis impulsos, no pude evitar comentarles mis pensamientos. Por suerte no se lo tomaron a mal y me explicaron algunas cosillas sobre los vampiros: sí, beben sangre, pero no necesariamente hasta matar a la víctima (eso sólo lo hacen los vampiros psicópatas y malvados, según me han dicho, muyyyy tranquilizador). Además, no contagian el vampirismo sin un ritual mágico, no sufren con el sol (ya me había dado cuenta) y son casi invencibles (se necesita mucha magia para acabar con ellos, pero se les puede neutralizar, aunque no me han dicho cómo) por lo que los métodos tradicionales no funcionan. Según palabras de Robert “somos como la cúspide en la evolución del ser humano”. Vamos, que se creen Dios o algo así, aunque la verdad es que el lenguaje no verbal de Alexander decía “esto es un asco” (el lenguaje no verbal de Robert no decía nada, porque no tiene. Seguro que si juega al póker gana siempre, tiene un autocontrol impresionante).

Bueno, la cosa es que después de apaciguar mi estómago pude empezar a preguntarme ¿y ahora qué? Afortunadamente para mí, los vampiros ya han pensado en eso. Me tocó escuchar una larga explicación sobre este mundo que intentaré resumir aquí. Al parecer, este mundo siempre ha estado aquí, y, a diferencia de nosotros, ellos siempre han sabido de la existencia de la Tierra, pero mantienen el secreto ocultando mágicamente el planeta entero (¿cómo? Pues lanzando un hechizo masivo a los ojos de los terrícolas, que tiene narices). Los vampiros, como no, son naturales de Esmtezlia, pero hubo uno que “cayó” en un portal a la Tierra. Lo malo era que el vampiro estaba decidido a no quedarse solo y empezó a transformar a todo el que pillaba. Los magos de Esmtezlia empezaron a discutir sobre eso (una discusión añadida a las ya de por sí grandes discusiones sobre vampiros) y se produjo un cisma (como el cisma de occidente en la Tierra, sólo que con magos, no con curas). Unos magos (la Orden de los Cálidos) decidieron no hacer nada, mientras que otros (la Orden de los Fríos) empezaron una campaña contra los vampiros en general y ese en particular. Mataron muchos vampiros, según parece, antes que los Cálidos decidieran intervenir. Para evitar una superguerra mágica que se habría cargado este mundo (y este mundo es Esmtezlia, no en vano estoy aquí y no en la Tierra) se firmó un tratado entre las órdenes en que los Fríos (muy debilitados por su guerra contra los vampiros) se comprometieron a no matar a más vampiros a cambio de que los Cálidos les permitieran expulsar a todos los vampiros de la Tierra, porque estaban poniendo en peligro el secreto de Esmtezlia. Y así es como hemos acabado aquí, también es mala suerte.

Así que debemos ir hasta una ciudad llamada Esalrtes (como no sé escribir ninguna de las palabras raras, las voy a escribir como me dé la gana, para eso es mi diario) donde se encuentra la sede de los Cálidos, para que nos manden de vuelta. Después de todo, el tratado no decía en ningún momento que los Cálidos no pudieran devolver a los vampiros a su planeta natal, y yo no soy un vampiro, así que tanto unos como otros me lo deben. Por desgracia, al parecer está en otro continente y aquí no hay maravillas como los coches o los aviones. Ni siquiera tienen bicis, y no conocerían ni la rueda si no fuera porque de vez en cuando un Frío viaja de vuelta a entregar los informes de vampiros a sus superiores.

Una cosa curiosa, al parecer el mapa de este mundo es exactamente igual que el de la Tierra porque son universos paralelos. Por desgracia, la precisión de los mapas de aquí no es la de los de la Tierra. Además, durante el viaje nos tomaremos la molestia de buscar al imbécil de Carlos, que se fue en la dirección que debemos tomar. No creo que nos crucemos con él, pero creo que eso descargará un poco el peso en nuestras conciencias (nota: no me arrepiento de haberle pegado, sólo de haberle dejado irse).

1 comentario:

Victor Green dijo...

me gusta la última frase