jueves, 27 de agosto de 2009

Cómo deshacerse de un elfo

Día 54: victoria pírrica

Nos hemos deshecho de Estrael, pero a un alto precio. Están todos desmoralizados, y les costará mucho tiempo confiar en Robert y en mí de nuevo. Nos hemos librado del manipulador manipulando y, aunque se dan cuenta de que era necesario, no pueden evitar sentirse mal al respecto. Es totalmente lógico.

El plan fue muy simple. Fingí discutir con Robert, debido a cierto comentario malicioso que hizo Estrael. Yo me di cuenta enseguida de la intención y Robert y yo aprovechamos la hora de meditación del elfo al amanecer (no tengo ni idea de por qué tenía tanta necesidad de meditar a solas, pero sospecho que durante esa hora de intimidad urdía sus artimañas) para llevar a cabo el plan.

Como estaba enfadada con Careas (o más bien Careas conmigo), me fui con Prastes y Desmias. Empecé a hablar con ellos y, como quien no quiere la cosa, dejé en el aire que en mi patria, algunas personas se dedicaban a coquetear y dar falsas esperanzas a las personas que se sentían atraídos por ellas sólo para conseguir algo. Cuando se ofendieron y dijeron que Estrael nunca haría algo así, yo actué como si me hubieran interpretado mal y les dije que dudaba que el elfo fuera así, después de todo ¿qué podía querer él de los bodweanos? Sembré la sospecha, para que se dieran cuenta por sí mismos de que lo que Estrael quería de ellos era simplemente información. Si no hubieran picado a la primera, les habría contado la historia de Matahari y otros de su calaña, pero mis amigos no son tontos y, una vez puestos en el camino adecuado, no tardaron en llegar a ciertas conclusiones, no sin antes intentar forzar (sin éxito) una reconciliación entre Careas y yo.

Lo de Careas era (y sigue siendo) más complicado. Intenté hacerla razonar que su enfado es irracional. No lo conseguí del todo, lo que me indica que hay algo más en su enfado que mis supuestas aspiraciones a jefa, pero sembré también la duda en ella sobre el elfo, que era lo prioritario.

Como Careas no daba su brazo a torcer, fui por Alex y le convencí de que su enfado era absurdo y de que su amistad con Robert valía más que los halagos de Estrael (cosa difícil teniendo en cuenta que supuestamente estaba enfadada con Robert), por lo que se fue a hablar con Robert y acabaron otra vez siendo amigos. No sólo eso, porque Alex forzó mi reconciliación con él, que por supuesto había hecho reflexionar a Alex sobre nuestro nuevo compañero de viaje.

Cuando el elfo volvió de sus meditaciones, se encontró con dos bodweanos cabreados, un vampiro que no le hablaba y una única maga con serias dudas como aliada. Creo que le desconcertó que yo sí que le hablara, pero encaminé la conversación de tal modo que acabara en discusión. Finalmente, planteé la cuestión crucial: “O Estrael o yo”. Robert se puso de mi parte en seguida, y con él Alex. Los bodweanos no tardaron en decidirse también por mí. Careas seguía enfadada conmigo (y ahora sigue estándolo), pero se le planteaban sólo dos posibilidades: viajar con nosotros o viajar sola con un elfo que no es del todo de fiar y que se separaría de ella en cuanto llegara al bosque. Evidentemente, vino con nosotros, y se le dijo al elfo que, a partir de ese momento, él ya no estaba en el grupo.

Quien ríe el último, ríe mejor, pero, una vez salieron de la zona de influencia del elfo y les explicamos la situación, los bodweanos se vinieron abajo, Alex entró en un estado de mutismo y Careas, que ya estaba un poco más aplacada, volvió a dirigir su furia contra mí. De mañana no pasa que hable con ella.