sábado, 25 de septiembre de 2010

el hijo pródigo entra en escena

Día 174: reencuentros inesperados

La cosa fue bien, pero por desgracia nos han puesto muchos impedimentos inesperados.

El consejo por fin nos dejó entrar a defendernos, pero los dos idiotas que se oponen a nuestra marcha nos tenían reservada una sorpresa. ¡Han encontrado a Carlos! No sé cómo lo han hecho ni me importa realmente, pero ojalá no lo hubieran hecho. Me ha costado horrores convencer al consejo de que todas sus declaraciones son una farsa, y nuevamente un hechizo de verdad nos ha salvado de ser vistos como unos depravados, aunque nos ha hecho perder un día entero y algo de credibilidad (porque debo reconocer que no fui muy sincera en mis primeras semanas aquí).

Se ha hecho el mártir, eso es lo que ha hecho. Según su versión, yo estaba con los vampiros desde el principio y le atraje hacia ellos para que se alimentaran cuando nos mandaron aquí “salvándole el pellejo”. De hecho, después le golpeé, y le obligamos a dejar el grupo haciendo que se valiera por sí mismo. Más adelante encontró la ciudad donde habíamos estado (hacía semanas que habíamos partido) para encontrarse atrapado en “la maraña de mentiras que tendí, pues soy la mayor embustera del mundo”. Ha viajado desde entonces siguiendo mi “vida depravada” hasta que un Frío le recogió.

Tras un rato discutiendo, tuvo que volver a contar la historia bajo un hechizo de verdad, como ya he dicho, y ahí se tendría que haber quedado todo si no fuera porque el muy capullo dijo que yo también debería contar la historia bajo un hechizo de verdad. Ejem, no tuve más remedio que hacerlo y, evidentemente, conté la verdad, dejando al descubierto incluso las pequeñas triquiñuelas que usé para que me dejaran entrar en la ciudad y para que nada me impidiera avanzar en mi viaje. A pesar de la pérdida de credibilidad derivada de esto, creo que quedó bastante claro que ni Robert ni yo somos unos depravados y que ambos merecemos volver a casa. Luego Robert contó su versión de la historia y quedó claro que Carlos es el que no merece volver a casa.

Después de esto, nos mostraron una lista de gente a la que hemos perjudicado con nuestra presencia. En primer lugar, cómo no, estaba Estrael, que de alguna forma ya está en libertad y soltando pestes de nosotros. También aparecía en ella el tipo al que destrocé la habitación cuando hice mi primera runa; los guardias de los que nos despedimos, que no encuentran trabajo por haber sobrevivido a sus patronos con lo de las hadas vampiros; las viudas de los tipos que secuestraron a Alastair; el capitán de nuestro barco, que al recaudador de impuestos le dijo que tuvo que devolvernos el dinero del pasaje y tuvo pérdidas en ese viaje; el tipo de Zuflucht que nos dijo qué pasaba, que tuvo que pasar dos días en cuarentena por haber hablado con los vampiros; las dos bodweanas, que no tienen dinero para volver a casa y la propia Careas, que desde que nos despedimos ha sufrido algunos ataques aislados de vampiros junto a Alexander.

No sé quién ha hecho la lista ni por qué la ha hecho con información tan mala. De Estrael mejor no hablar. El tipo al que destrocé la habitación olvidó convenientemente que le pagamos el destrozo. Sí, tenemos la culpa de que sigan vivos los guardias pero, ¿alguien nos puede culpar de eso? La culpa de la ejecución de los maridos de las viudas no es nuestra, sino de ellos por ser unos criminales. Evidentemente, al capitán se le olvidó declarar el botín de guerra y las ganancias que no habría tenido de no haberles ayudado nosotros a protegerse. Robert les dio mucho dinero a las bodweanas al marcharse, no es problema nuestro que lo hayan gastado o perdido. Y a Careas nadie le ha obligado a hacer nada. Me da pena el tipo de Zuflucht y creo sinceramente que es el único al que hemos perjudicado, pero dos días no es mucho tiempo y no es que no le pagáramos por la información.

Bueno, el caso es que tras leer la lista y aclarar esos puntos, se acabó la sesión. Mañana veremos en qué queda esto… ¡Qué nervios!