domingo, 20 de octubre de 2013

Día 18: Trampa

No sé cómo diablos Robert me ha convencido para que nos quedemos en la mansión, pero al final lo ha hecho. La excusa, que podemos tenderla una trampa si nos quedamos aquí, porque es seguro vendrá a buscarnos. Por supuesto, se han tomado todo tipo de medidas de precaución: medio ejército de magos Fríos patrulla alrededor de la casa y hay protecciones mágicas de todo tipo, aparte del sistema de alarma, que de poco sirvió el otro día. Sólo espero que ella no tenga misiles o algo así.
Ahora voy con la pistola a todas partes, aunque mi puntería sigue siendo malísima. Además, me he cubierto el cuerpo con runas pintadas con tatuajes de hena, para una mayor protección. Se supone que debo comportarme con normalidad, como si eso fuera posible, y Robert está constantemente encima de mí, como para darle celos y hacer que cometa una estupidez. No creo que ella esté cerca, con tanta protección resulta improbable que se acerque. Está loca, pero no es tonta.
Creo que en el fondo Daluen y Robert piensan exactamente lo mismo que yo, pero no se atreven a pedirme que haga de cebo. Supongo que es lógico, ya que mi estado es de pánico absoluto. Resulta casi ridículo, en vista de la gran cantidad de situaciones cercanas a la muerte que viví en Esmtezlia pero no puedo evitarlo. Quizás es que me había mentalizado sobre todo el asunto de viajar y luchar y demás, y que esperaba que al llegar a casa la cosa se calmara un poco, así que volví a cambiar el chip. Encontrarme siendo atacada en mi mundo, en una casa protegida y que yo consideraba un lugar seguro, ha sido más de lo que mi pobre cerebro ha podido soportar y estoy al borde de una crisis de ansiedad. Tampoco ayuda que el peligro no venga de algo palpable como, no sé, un enemigo que tengo a mi alcance y al que poder cortar en pedacitos o fundir como una runa. No, esta vez el peligro está en la distancia y no me gusta esta indefensión que siento.
Manda narices, encontrarme en mi habitación intentando racionalizar el miedo que tengo ahora mismo. Cualquiera en mi situación ya estaría acurrucado en un rincón, abrazándose a sí mismo. Lo peor es la espera, supongo. Sí, definitivamente es eso. Voy a hacer de cebo, quieran o no Robert y Daluen, y no hay más que hablar.
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