sábado, 27 de julio de 2013

Día 8: la bronca

En cuanto llegamos a casa, ahí estaba Robert, como un papá enfadado con su hija cuando ésta llega tarde y borracha por la noche. Como si fuera culpa mía que pasara lo que ha pasado. Entiendo perfectamente cómo se siente, que conste: me manda a mi primera misión, en la que en teoría no iba a haber ningún percance, contra unos vampiros narcisistas nada menos y puf, dos de los agentes se ven en peligro de muerte.
Así que el muy burro (a veces ese carácter sobreprotector que tiene conmigo me pone de los malditos nervios) ha dicho que ésto es demasiado peligroso para mí y no sé qué gaitas más, decidiendo, así por las buenas, que no voy a participar en más misiones, por muy seguras que parezcan. Vamos, que pretende que me quede en casa y encuentre la forma de localizar a los vampiros y proteger a los demás desde aquí, en vez de estar al pie del cañón.
Evidentemente, ha empezado una bronca de campeonato. No he pasado por tantísimos peligros en mi viaje por Esmtezlia para quedarme en casa esperando a que vuelvan los hombres ahora que estoy en mi planeta. Por favor, soy una poderosa druida. Inexperta, pero poderosa. Por no hablar de que su estúpida decisión no tiene sentido, dado que yo no he corrido peligro en ningún momento. Ni siquiera tuve que sacar mis cuchillas dobles.
¿Que hay que trabajar un poco más la estrategia? Sí, por supuesto. Se han dejado cosas al azar, y tal, pero yo no he tenido nada que ver con eso. De hecho, creo que es la primera vez que me embarco en algo con un plan elaborado y no siguiendo mis impulsos (debo reconocer que, a pesar de que en Esmtezlia parecía que el karma jugaba conmigo, a la hora de la verdad, durante mis momentos más temerarios, tuve una suerte increíble).
Además, Robert es rico ¿no? Pues ésto no hubiera pasado si hubiéramos tenido un kit de espía profesional, o una movida de esas. Que busque soluciones, pero que no pretenda que yo me quede de brazos cruzados pudiendo estar al pie de cañón. No es mi estilo.
Así que bueno, en resumen y para finalizar, le amenacé con irme a cazar vampiros yo sola si seguía con su actitud medieval de “las mujeres son débiles y se quedan en casa”. Entonces puso cara de cabreo, salió dando un portazo y no le he vuelto a ver desde entonces.
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sábado, 13 de julio de 2013

Día 7: misión de rescate

Hemos conseguido rescatar a tiempo a Lerthos y Kareona. Estaban a punto de convertirles y casi no llegamos para impedirlo, porque los malditos vampiros se lo habían montado muy, pero que muy bien. Pero vamos desde el principio.
Apenas dormimos nada, ya que estábamos demasiado preocupados y teníamos que hacer el seguimiento de dónde estaban nuestros compañeros. Como yo había hecho las runas, era la más indicada para hacerlo. Un par de horas después del amanecer, las runas se quedaron quietas, cosa que no me pareció muy normal. Los magos enviados por Daluen, al llegar al lugar que les dije, encontraron la ropa de ambos tirada en el suelo y casi les dimos por perdidos, pero Kareona es una chica lista y se dedicó a dejar señales a diestro y siniestro, que permitieron a los demás seguirles la pista.
Entre tanto, Kadas y yo hicimos lo que pudimos por librarnos de esa estúpida excursión sin levantar sospechas. No había forma, al menos, hasta que decidí aprovechar lo que todo el mundo pensaba de mí. Evidentemente, elegí como víctima al vampiro macho. Es un tío realmente sexy, al lado de él Robert parece feo, y eso que mi amigo es guapo, guapo. Media hora después, me había puesto tan pesada que el muy asqueroso me invitó de forma bastante grosera a marcharme. Eso fue suficiente para que yo aprovechara, me hiciera la ofendida y, tras pedir un libro de reclamaciones que no tenían, me “mosqueara” tanto que convencí a mi “pareja” para abandonar la excursión. No fue muy creíble, pero teníamos prisa y tampoco es que se nos ocurriera nada más elaborado.
Hecho esto, nos dirigimos en taxi al punto de encuentro, un pueblo cercano en el que nos esperaban dos magos Fríos más en un todoterreno, y media hora después estábamos frente a una cueva en la que supuestamente se encontraban Lerthos y Kareona. Iniciamos de inmediato el asalto, pero era mucho pedir que fuera tan fácil. La maldita cueva conectaba con un embarcadero sin barcas. Y no había señales por ningún lado.
A esas alturas, hacer un hechizo hubiera sido doblemente peligroso para los dos, así que nos quedamos ahí plantados, mirando el lago con cara de idiotas. Por suerte, Robert es un tipo listo y se dedicó a recabar información sobre la zona desde su mansión. Un rato más tarde nos mandó un mapa con dos puntos en los que era probable que intentaran hacer el ritual y, como no había tiempo, nos dividimos para ir a ambas localizaciones. Por fin, mi grupo encontró una nueva pista a mitad de camino y nos volvimos a reunir para seguir el rastro.
No nos dio tiempo a planificar nada, porque entonces escuchamos el ruido de la lucha. Corrimos lo que pudimos y, para cuando llegamos a donde estaban, había media docena de vampiros intentando convertir a la fuerza a Lerthos y Kareona, a los que habían reducido fácilmente. Por suerte, el ritual lleva su tiempo. Reducir a los vampiros, que parecían un coro de ángeles, tan hermosos que decir que eran guapos es quedarse muy corto, sí que fue sencillo, y en menos que dura un suspiro estaban de vuelta en Esmtezlia.
Por desgracia, los dos guías se debieron de dar cuenta de que algo pasaba (cosa que no me extraña, dada la pésima improvisación que hicimos por la mañana) y, cuando fuimos a por ellos, habían abandonado a su suerte a los excursionistas y no habían dejado ni rastro. En fin, teniendo en cuenta que esta misión podría haber acabado fatal, que hayan escapado dos es un mal menor.

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