sábado, 24 de agosto de 2013

Día 10: cambio de estrategia

Esta mañana, antes del amanecer, apareció Robert y se disculpó. Al final, no me ha tocado hacerle razonar: ya se ha encargado de hacerlo él solo y me ha dicho que siente mucho haber propuesto todo eso y que lo hizo movido por la preocupación y porque no quiere que me pase nada malo. Hasta ahí todo normal. Al menos, hasta que me ha entregado la última novedad en armas de fuego y me ha empezado a enumerar la infinidad de características que hacen que esta pistola sea la mejor que se puede conseguir en el mercado negro. Mi cara debió de parecer un cuadro.
Me explicó que, a partir de ahora, todos los que vayan a alguna misión deberán llevar un arma y aprender a utilizarla ya que, aunque no es probable que unas cuantas balas acaben con unos vampiros, sí que nos darán unos segundos preciosos que podemos usar para teletransportarnos lejos.
Daluen, cómo no, está de acuerdo. A mí no me gusta mucho la idea. No es que esté en contra de las armas de fuego, pero me parecen algo inútiles. Primero, porque los vampiros son muy rápidos y dudo que les podamos acertar a no ser que les pillemos desprevenidos. Cosa que no creo probable, dado que las pistolas son nuestro último recurso y para cuando tengamos que usarlas los vampiros estarán más que prevenidos. Segundo, porque como las autoridades nos pillen se nos cae el pelo. Poseer armas sin el permiso reglamentario es ilegal, por si no se habían dado cuenta. Puede que ellos no se preocupen por las leyes mundanas de este mundo, pero yo sí que lo hago y no me hace gracia ir por ahí con una pistola, del mercado negro para más inri.
Pero bueno, si ellos se sienten más a gusto y creen que pueden ser de utilidad, habrá que tragar. Toca aprender a disparar.

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sábado, 10 de agosto de 2013

Día 9: La ayudante

Después de veinticuatro horas sin saber nada de Robert, tuve una larga charla con Daluen en la que le explicaba nuestra discusión de ayer. Coincidió conmigo en que no tiene mucho sentido que me quede en casa, aunque no estoy muy segura de si es porque realmente cree que no corro peligro o porque eso no le importa demasiado. En fin, tampoco es que importe mucho. No puedo fingir que no vaya a haber riesgos, pero creo que Robert, después de todo lo que hemos pasado juntos, debería tener confianza en mi capacidad para afrontarlos.
Bueno, el caso es que, una vez me aseguré de tener el apoyo de Daluen (una cosa es que Robert decida que yo no voy, en cuyo caso puedo ignorar sus deseos, pero si el que organiza las misiones decidiera no incluirme sería otra historia ¿no?) fui en busca de mi amigo para intentar hacerle razonar. Me recorrí toda la planta baja sin demasiado éxito y al final no tuve más remedio que buscarle en sus aposentos (ya sé que es una palabra en desuso, pero en una casa tan grande parece más apropiada que cuarto o habitación). No es que me de corte por si le pillo en bolas o algo por el estilo. Creo que ya superamos esa fase cuando compartimos camarote en nuestra travesía por el Atlántico de Esmtezlia. Pero me parece una invasión a la intimidad.
Pues bien, él no estaba, pero sí que encontré a la famosa ayudante. Y digo la porque es una mujer. Y no una mujer cualquiera, no. Una mujer de esas que quitan el hipo a los hombres. Pero lo que más me impactó es que, aunque no me atreví a hacer una runa para comprobarlo me pareció que tiene todas las papeletas de ser vampiresa. No es que tenga un radar o algo así para saber que son lo que son, pero todos comparten una forma de moverse bastante peculiar a la par de sutil. De todas formas, puede que sean paranoias mías.
Lo que sí que sé con total certeza es que la tía es una borde de cuidado y que no sólo me contestó con monosílabos, sino con monosílabos despectivos. Como con ese tonito de “ya te he respondido, niñata, así que déjame en paz de una vez”. Cuando hable con Robert, debo acordarme de comentarle algo: no quiero que esa mujer vuelva a tener relación conmigo, ni directa ni indirectamente. Aunque tenga que ir yo misma a hacerme la compra. Me miraba con tanto asco que me da la sensación de que me va a envenenar en cualquier momento, cosa que no tiene ningún sentido. No en vano, la que la ha pillado en los aposentos de Robert soy yo a ella, así que creo que las probabilidades de que sean pareja, además de jefe y ayudante, son bastante altas, especialmente teniendo en cuenta lo ligerita de ropa que iba ella. No creo —espero que no— que Robert le haya contado lo del beso, aunque tampoco es como si yo me hubiera lanzado a por él o como si él no me lo hubiera devuelto.
El caso es que es estupendo (nótese el sarcasmo). Yo fantaseando despierta con ese beso casi a todas horas, y resulta que él tiene una amante. Ahora mismo, me siento como una idiota.

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